PIEZA DEL MES: Diciembre 2013

“LA CALABAZA: Los símbolos del Peregrino.”

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Investigador: Adelina Martínez. Guía Cultural del Museo

 

Sábado, 14 de diciembre 18,00 h.

Patio Espacio Peregrino. Planta baja.

Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas.

Actividad Gratuita

 

 


El Programa “Pieza del Mes” de diciembre quiere sumarse a la celebración del XX Aniversario de la Declaración de Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO del Camino de Santiago, dedicando esta actividad a “Los Símbolos del Peregrino”, y entre ellos a la Calabaza, como un sistema de porteo personal del agua del caminante.

Desde el siglo IX, con el hallazgo de la tumba de Santiago, la peregrinación al santuario compostelano se extendió por todo el occidente europeo. El culto al Apóstol se incrementa en numerosas iglesias, comenzando a desarrollarse una rica imaginería en la representación del Apóstol Santiago. Hasta ese momento la iconografía del Santo era una imagen sedente, en majestad o in catedra. Se le representa con los atributos  comunes a todos los demás apóstoles: túnica y manto, los pies descalzos, el libro sagrado y una filacteria donde consta el nombre del apóstol con frases alusivas a textos sagrados. Esta iconografía la podemos ver en la escultura del parteluz del Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela (1188).

Debido a la difusión de la historia de predicación de Santiago en Hispania, el descubrimiento milagroso de su cuerpo y su enterramiento en Compostela y más tarde el desarrollo de las rutas de peregrinación, se le comenzó a representar con los atributos propios de los peregrinos que hacían el Camino de Santiago. La primera representación de Santiago como peregrino la podemos ver en la iglesia de Santa Marta de Tera (Zamora). Está representado  con la escarcela o zurrón, concha de peregrino y bordón.

De estos atributos de los peregrinos y de su simbología nos habla el Códice Calixtino (1160). Y a éstos se suman otros que con el tiempo se convertirán en posesión común de los peregrinos.

La escarcela era una bolsa estrecha de piel para guardar alimentos, con la boca abierta y sin atadura. Ésta tenía un matiz simbólico asociado a la generosidad en la limosna y la mortificación de la carne. El bordón, bastón con el que el caminante se apoya al andar y se defendía de las alimañas, refleja un tercer pie con una simbología trinitaria. Otro símbolo específico del peregrino jacobeo es la concha, con simbología precristiana, y que identifica al peregrino que va a Santiago reconocido como tal si la porta, representa la caridad o amor de Dios puesto que semeja una mano abierta.

Otros accesorios funcionales para el peregrino eran la calabaza, como transporte de la bebida, el sombrero, de ala ancha, realizado en diferentes materiales y donde se colocaba la concha. O la capa con esclavina, a veces de piel, que cubría los hombros y se decoraba con conchas y bordones de materiales diversos.

Finalizará la exposición hablando de la importante función que cumplían los monasterios ubicados en el Camino de Santiago. Al tratarse también del Museo Etnográfico Provincial de León ubicado en lo que fuera un antiguo monasterio fundado en 1491 por D. Fadrique Enríquez, Almirante de Castilla, que se lo entrega primero a los siervos de María y luego en 1500 a los agustinos, muy relacionados con la casa de peregrinos, cerca del convento. Éstos a su vez como misión también atendían a los peregrinos a los que proporcionaban no sólo hospedaje, sino también atención espiritual y sanitaria.


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