PIEZA DEL MES: Junio 2013

“ESTAMPAS DE DEVOCIÓN”. La Estampa Religiosa Popular.

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Investigador: José Luis Puerto (Etnógrafo, Escritor, Traductor).

Sábado, 22 de Mayo 19,00 h.

Patio Espacio Peregrino. Planta Baja. Museo Etnográfico Provincial de León

Mansilla de las Mulas. Actividad Gratuita

 

Nada más comenzar el verano en pleno solsticio aunque fuera solo por calendario, en el Museo Etnográfico Provincial se programa la realización de la continuada actividad del Programa Pieza del Mes, seleccionando en esta ocasión dos estampas de devoción dedicadas una a la Virgen del Socorro de Valderas y otra al Cristo de Tabuyo del Monte.

Previamente a las 18 h. en el mismo espacio peregrino se presentará el libro “Un  Carro Chillón II y algo más” que versa sobre la continuación de la serie fotográfica realizada en 1926 por la Escuela de Cerámica de Madrid en Val de San Lorenzo, realizado por el propio Ayuntamiento del Val y editado por la Fundación Conrado Blanco de La Bañeza, contando con la presencia de varios de los autores como son, Concha Casado, José Ramón Ortiz, Miguel Ángel Cordero o el propio ponente de la pieza José Luis Puerto.

Como decíamos, en la Pieza del Mes será el etnógrafo José Luis Puerto el investigador encargado de introducirnos una charla sobre la Estampa Religiosa Popular, sus interpretaciones y significados como una de las fórmulas más emblemáticas de religiosidad popular producida para satisfacer las preferencias de advocación santoral según comarcas y grupos.

Con el fin de propagar y reforzar la fe, a finales del siglo XIV, los monjes predicadores vendían y distribuían estampas con la figura de la Virgen, de los santos o con escenas de la vida de Cristo.

La invención de la imprenta hace que proliferen este tipo de estampas religiosas, que, al ser las más divulgadas, hace que casi todos los grabadores se dedicaran a esta tarea, ya que constituía su principal fuente de ingresos.

Tres son las grandes funciones esenciales que la estampa religiosa popular ha cumplido a lo largo de la historia: en primer lugar, se ha utilizado como signo sensible de piedad y devoción (de ahí que se conozcan también con la expresión de “estampas de devoción”); como refugio contra las penas del purgatorio, en segundo lugar, ya que con este tipo de estampas se ganaban indulgencias; y, en tercer lugar, la estampa religiosa ha sido tenida como talismán contra todo tipo de desgracias y de infortunios.

De ahí que proliferaran en ermitas y santuarios, siendo vendidas en romerías y celebraciones. Quienes las adquirían las llevaban a sus casas, donde las colocaban en sus distintas habitaciones (salas, cocinas, cuadras del ganado incluso, dependiendo de qué tipo de estampa y qué advocación), con un afán tanto devocional, como protector, e incluso decorativo.

Aparte de en las propias ermitas y santuarios, otro de los modos de difusión de tales estampas religiosas populares ha sido el de su distribución, a través de toda la geografía española (cada advocación en el área de irradiación de su culto), por parte de ciegos y de santeros, que recorrían pueblos y localidades extendiendo, de ese modo, las devociones.

La contrarreforma católica, tras el concilio de Trento, trajo consigo el triunfo de la imagen, que, controlada por la Iglesia, se convierte –de modo combativo y militante- en medio de promoción, propaganda y adoctrinamiento, al tiempo que en instrumento sentimental de la devoción.

Los patrocinadores de las estampas religiosas populares, particularmente de las estampas de devoción, impresas en láminas de distintos formatos, suelen ser o bien devotos particulares, o clérigos, cofradías, o también órdenes religiosas que están al frente de algún santuario.

Abundantes ya en el siglo XVII, como producto de la contrarreforma, podríamos decir que su auge y plenitud se produce a lo largo del siglo XVIII; entrando ya, a lo largo del XIX, en un proceso de popularización y decadencia en cuanto a su ejecución artística.


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