PIEZA DEL MES: Junio 2016

“JARRA DE PEÑAFIEL. Alfarería y sociedad”.

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Investigador: Ignacio Martin-Salas Valladares
Coleccionista
Sabado, 18 de junio de 2016 a las 19:00 horas


Patio Espacio Peregrino. Planta Baja.
Museo Etnográfico Provincial de León. Mansilla de las Mulas
Actividad Gratuita

La Diputación de León a través del Museo Etnográfico Provincial de León, este mes de junio en la Actividad  “Pieza del Mes”, ha programado la disertación sobre una destacada pieza de la colección del Museo, desde que en el año 2011 fuera donada por el mansillés D. Jesús Fernández Salvador (DEP), como es la Jarra de Peñafiel. Mediante la decoración y embellecimiento de piezas como ésta, se conmemoran algunos días señalados en el calendario; ceremonias sociales, paganas y religiosas, pertenecientes al  ciclo anual. En esta ocasión será Ignacio Martín-Salas Valladares, Coleccionista, quien por su aquilatado conocimiento analizará un tipo de cerámica que se realizó en uno de los centros alfareros más significativos de la provincia de Valladolid.

Esta jarra, protagonista de la “Pieza del Mes”, proviene de los alfares de Peñafiel que con vías comerciales accesibles y sin importantes barreras naturales, favorecieron un amplio intercambio comercial. El análisis documental sitúa el mayor auge de la cerámica de Peñafiel a finales del siglo XVIII y principios del XIX, momento en el que debemos situar esta pieza. La alfarería de Peñafiel hunde sus raíces en el tiempo, así las excavaciones realizadas en torno a su castillo sacaron a la luz vasijas y escudillas medievales con unos perfiles que han perdurado hasta el siglo XX. La influencia de la vajilla de Peñafiel en otros centros cerámicos es indudable, basta repasar las producciones de Nava del Rey, Medina de Rioseco (Valladolid) o Aranda de Duero (Burgos).

La vajilla de Peñafiel, se posicionó como un digno sustituto de la loza con cubierta estannífera. Para valorar el desarrollo de esta cerámica y de su correcto funcionamiento, es imprescindible conocer la función del juaguete, considerado por muchos tan solo como una técnica decorativa para enlucir la pieza, pero que en realidad cumple una función práctica fundamental, como es la correcta impermeabilización de la vasija.

La comparación con otras comarcas de características totalmente opuestas a la que da vigencia la pieza que se presenta, se hace necesaria y nos lleva a comprender que ninguna de estas producciones artesanales fue fruto del azar, sino de una suma de factores, históricos y ambientales y de la síntesis de una realidad agraria y social inexorable, sin apenas alternativas, pero que tenía que dar respuesta a todo un ciclo vital.

Esta jarra que custodia el Museo Etnográfico representa una excelente muestra de cómo el alfarero al realizar la pieza aunó dos conceptos totalmente disociados, por un lado un objeto de uso común y por otro una clara idea o concepto, puesto que en ningún momento a nuestro artesano se le pasó por la cabeza crear una forma acorde con la decoración, es decir nunca ideó un todo. Por eso esta jarra nunca perdió su estructura más popular a pesar de su carácter religioso votivo. De esta forma cualquier artesanía se encuentra arraigada a la comunidad y termina alcanzando compromisos ineludibles con su entorno social, cubriendo necesidades que escapan a la propia concepción útil del objeto.


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