“RUS ET URBS: De Bercianos a Olivares. La Semana Santa zamorana”.

“RUS ET URBS: De Bercianos a Olivares. La Semana Santa zamorana”.

EXPOSICIÓN TEMPORAL

“RUS ET URBS: De Bercianos a Olivares. La Semana Santa zamorana”.

Del 18 de Abril al 1 de Junio

Museo Etnográfico Provincial de León. Mansilla de las Mulas. León.

VISITA GRATUITA

Organizan: Diputación de León, Museo Etnográfico Provincial de León, Diputación de Zamora, Universidad de Valladolid, Centro Internacional de Estudios de Religiosidad Popular, Estudio Teológico Agustiniano y colaboran Ayuntamiento de Bercianos de Aliste, Cofradía del Santo Cristo del Amparo (“Capas Pardas”).

-INAUGURACIÓN OFICIAL 18 DE ABRIL 12 H. Museo Etnográfico Provincial de León. Mansilla de las Mulas.

 

Gracias a la articulación por parte de la Diputación de Zamora de diversas cofradías y artistas zamoranos, se ha podido articular conjuntamente entre el Centro Internacional de Estudios de Religiosidad Popular de la Universidad de Valladolid y el Museo Etnográfico Provincial de León de la Diputación de León esta Exposición Temporal para acercar a la sociedad leonesa y peregrinos jacobeos una muestra de dos de las más representativas manifestaciones de la Semana Santa zamorana como son la rural de Bercianos de Aliste y la de Olivares en plena urbe de Zamora declaradas de Interés Turístico Regional.

Por medio de fotografías, esculturas, altorrelieves, estandartes, sus Cristos Guías acompañados de sus lanzas, faroles, blandones, tambores y matracas, así como de las propias vestimentas de mortajas y Capas Pardas, son las que articulan una  magnífica muestra de toda la cultura material asociada a estas manifestaciones.

La Semana Santa de Bercianos es una joya dentro de las múltiples variantes del mundo rural. Conserva el espíritu de las celebraciones del s. XVII, aunque la cofradía que la mantiene, la de la Vera Cruz, al menos procede de dos siglos antes y sin embargo la construcción de la celebración continua el modelo del barroco rural. La cofradía es famosa por sus atuendos, las capas alistanas de honras utilizadas el Jueves Santo y la túnica denominada “vestimenta” que les cubre en la procesión del entierro el Viernes Santo.  En esta procesión calificada periodísticamente como una de las más auténticas de Castilla y León, participa todo el pueblo cantando una serie de motetes algunos del s. XVIII y otros del s. XIX, como el denominado Miserere castellano, una traducción libre del salmo en latín que se extendió por toda la comarca de Aliste por mor de los misioneros que recorrieron la comarca hasta mediados del s.XX. Tiene la peculiaridad de que los hombres cantan los versos en latín y las mujeres responden con la traducción del mismo verso en castellano.

La exposición no resultaría completa sin la muestra de la Cofradía del Santo Cristo del Amparo, vulgarmente conocida como la de “Las Capas Pardas”, que procesiona el Miércoles Santo por la noche desde la iglesia románica de Olivares en Zamora, como una de las más expectantes en la riquísima Semana Santa de la ciudad del Duero. Se trata de una reinterpretación en clave urbana de la estética rural alistana, pero que gracias al cuidado y respeto con el que se trasvasó esta tradición a la ciudad, no solamente no destruyó el original -algo que suele suceder con frecuencia-; sino que ha conseguido ensalzar ambas, el original en Bercianos, como muestra de las tradiciones seculares incardinadas en un pueblo, y el de la ciudad, que consigue hacer de la noche del Miércoles Santo una belleza estética inigualable y de poderoso reclamo turístico-espiritual.

La Cofradía de Bercianos es un modelo de imbricación entre la religiosidad popular, la estructura social y la economía; siendo además un ejemplo de pervivencia de tradiciones fácilmente fechables; y una muestra fosilizada de lo que ha sido la religiosidad popular en las comarcas del Noroeste Zamorano. A través de ella se conservan una serie de elementos tradicionales, como las capas pardas, unos modelos de cultura material religiosa, así como una tradición gastronómica y culinaria siendo uno de los motores importantes de la dinamización del pueblo y de la comarca.

Es de la mano de la visión espléndida de fotógrafos tan reputados como el sevillano Rafael Sanz Lobato (Premio Nacional de Fotografía 2011 y Medalla de Oro de las Bellas Artes en 2003) o de los zamoranos Félix Marbán (Mención de Honor de Fotografía sobre Cultura Popular del MECD 2013) y el escultor Ricardo Flecha, lo que sumado a un Audiovisual elaborado por Euroideas para la Diputación de Zamora, por lo que podremos mostrar, ver, recibir y sentir más propias estas tradiciones de religiosidad popular tan cercanas que conforman el contexto y cohesión de una comunidad y la manifestación de la diversidad de la identidad.

 

TEXTOS EXPOSICIÓN

Bercianos de Aliste, enclavada en la comarca zamorana del mismo nombre rayana con Portugal, comparte con éste algunas características de cultura y patrimonio material e inmaterial, debiendo su nombre a la repoblación por habitantes venidos de El Bierzo en la Alta Edad Media cuando el rey de León se afanaba en consolidar sus territorios y poner en explotación las grandes extensiones yermas de sus dominios.

Su Semana Santa es la manifestación estelar alrededor de la cual gira la vida social, religiosa y cultural del municipio y, hasta algunas décadas también la económica. La responsable es la Cofradía del Santo Entierro a la que antiguamente sólo podían pertenecer los cabezas de familia. Este estatus se adquiría, como en todo el Reino de León, por matrimonio, o en su defecto cuando muerto el cabeza de familia el mozo estaba soltero y, aunque fuese entrado en años, ejercía en la casa esta función. Los recién casados pedían ingreso en la cofradía, y, una vez admitidos, pasaban a ser vecinos de hecho, con derecho al reparto de los quiñones comunales, y a sentarse en el concejo con voz y voto.

La pertenencia a la cofradía obligaba a participar en todos los actos de la misma, como las misas, los sermones y demás obras piadosas donde se exigía vestir la capa parda para ir al entierro de los cofrades difuntos, las procesiones de Jueves y Viernes Santo y las reuniones del concejo. Para la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo se debía vestir la túnica blanca, uniforme de la cofradía desde su fundación. La cofradía en origen de la Vera Cruz utilizaba túnicas de lino blanco propias de los disciplinantes, como en todas las de la misma devoción en España, y capuchón para guardar el anonimato en la penitencia como exigían las reglas.

Las Capas Pardas son similares a la de algunos pueblos portugueses, bellamente decoradas con sobrepuestos ahora negros, en otro tiempo pardos como el propio tejido. Algunos ejemplares poseen más de siglo y medio de antigüedad, siendo tejidas en telares tradicionales y cortadas por sastres de la comarca. La procesión del Jueves Santo en la que los cofrades suben hasta el calvario, lugar señalado con las tres cruces, es un momento crucial para contemplar la variedad de ejemplares que desfilan y la complejidad de los adornos (siempre de inspiración local o comarcal) que campean en las esclavinas.

La túnica blanca de nombre “la vestimenta”, la visten los cofrades el Viernes Santo durante el desenclavo y posterior procesión del Santo Entierro o de la Urna. Por los años sesenta del pasado siglo algunos periodistas comenzaron a denominarla “la mortaja”, porque con ella se entierra el cofrade y puestos a inventarse, con todo lo que tiene este tema de morboso, dijeron que era el regalo de la novia al novio (marido recién casado). Puesto que para ser vecino con derecho a quiñones, primero había que pedir cofradía, y una vez eras cofrade debías asistir inexcusablemente a los actos, entre ellos a la procesión del Santo Entierro, era lógico que la túnica se cosiera el primer año de casado, pero no por la mujer (antes novia) generalmente no muy hábil con la aguja, sino por su madre o sus parientes femeninas, aunque estuviese presente la recién casada. Lo cierto es que la túnica sirve de sudario al difunto. Adquiere la virtud atribuible al sudario precisamente porque el cofrade la porta durante la procesión y finalizada ésta se

guarda y no se lava hasta las vísperas de la Semana Santa siguiente para que no pierda la virtud.

El Desenclavo forma parte de uno de los ritos más impresionantes de esta Semana Santa. En la plaza de la Iglesia, en la tarde del Viernes Santo, un predicador, desde el púlpito preparado para la ocasión, va dirigiendo el ejercicio de descender a Cristo del patíbulo, después de haberle quitado, a indicaciones la corona de espinas, los clavos, etc. Los cofrades vestidos de blanco inmaculado, toman el cadáver se lo muestran a la Dolorosa colocada al lado con sus andas y a continuación lo depositan en la urna. La procesión con los cofrades en fila de a uno, comienzan el ascenso hasta el calvario. La urna la llevan los de túnica blanca, la dolorosa la portan las jóvenes. Abren la marcha los pendones, el negro el primero por ser color de luto, que es el que acompaña a los hermanos cuando mueren y detrás el morado, el de la cofradía.

En Bercianos de Aliste no se hace teatro, se vive la pasión y muerte de Cristo desde la conciencia de pueblo, de comunidad, de religión y esa es la razón por la cual todo el pueblo participa, como han participado siempre, como seguirán haciéndolo. Tampoco se interpreta ningún guión en Zamora, en la noche del Miércoles Santo cuando a las doce en punto con los golpes acompasados de la campana de la iglesia de San Claudio en el barrio de Olivares, los hermanos de la Hermandad del Cristo del Amparo salen también con sus capas pardas bordadas con la capucha calada, con chalecos de paño pardo o negro y un farol de hierro en la mano similar al que alumbraba las tareas ganaderas de los campesinos alistanos.

Esta procesión, una de las más bellas de Zamora, tomó como modelo la de Bercianos, pero con tanto mimo y cuidado, con tanto respeto por la tradición de un pueblo, que completó y dignificó a aquella.

Hoy día el que se quiera aproximar a la Semana Santa zamorana, tiene que ver ambas. En la de Zamora el silencio impresiona por los recorridos de calles tortuosas del barrio, los sonidos del bombardino, las matracas y el tambor destemplado marcando el paso a los cargadores del paso cuando el Cristo, ya de vuelta, se acerca a la puerta de la iglesia, y en la plaza el coro, también con las capas pardas, canta el Miserere en castellano. Miserere traducido del latín por el obispo de Buenos Aires, Don Manuel de Azamor, que extendieron los misioneros por Aliste y Alba. Es el mismo de Bercianos, pero entonado y afinado de otra manera, con una estética distinta que interpreta el mismo drama y sirve también para perdón.

 

COMISARIADO:

José Luis Alonso Ponga, José Ramón Ortiz del Cueto y Mª Pilar Panero.


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